Segunda razón: ¿Sabías que en 1780 se seguía enterrando a los difuntos dentro de las iglesias de Santiago y San Antón?

Segunda: ¿Sabías que en 1780 se seguía enterrando a los difuntos dentro de las iglesias de Santiago y San Antón? www.bilbao.net/servfuncont/referencia_historica/p/enterrar.pdf   A finales del siglo XVIII ésta era una práctica consagrada en casi toda Europa para dejar a los muertos bajo la inmediata protección de Dios. Los bilbaínos de entonces no concebían la posibilidad de enterrar a sus seres queridos en terreno que no fuese sagrado. El crecimiento demográfico hizo que en la mayoría de las iglesias hubiese falta de espacio. Las losas que cubrían las sepulturas no estaban cimentadas. Con los calores veraniegos la descomposición se aceleraba y los malos olores y la insalubridad del aire se agravaban. Si a esto añadimos el hacinamiento de los fieles, la escasa ventilación y la humedad interior de los muros, resulta fácil imaginar los hedores mezclados.
Las nuevas ideas higienistas venidas de Europa y la corriente de Ilustración que ponía en controversia la tradición conservadora frente a las nuevas teorías científico-médicas sirvieron para impulsar una campaña de erección de cementerios en todos los núcleos urbanos del reino de Carlos III. Aún así, costó tanto cambiar la mentalidad de la población y de la propia Iglesia, que dejaría de percibir ingresos por sepultar dentro de los templos, que fueron más los proyectos frustrados de los ilustrados que rodeaban al Monarca Borbón que los éxitos. Sucesivas disposiciones en el reinado de Carlos IV, José I y Fernando VII instaron a construir  cementerios al aire libre. En Bilbao el primer cementerio al aire libre se construyó en el huerto del Convento de los franciscanos, por motivos de falta de espacio en el interior de las iglesias de la Villa y para "cumplir" con las órdenes reales, aunque esta afirmación última pueda ponerse en entredicho y con mucha razón.

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