Tercera razón: ¿Sabías que a finales del XVIII la Inquisición aún mantenía algo de poder y castigaba la tenencia de libros prohibidos?

Tercera: ¿Sabías que a finales del XVIII la Inquisición aún mantenía algo de poder y castigaba la tenencia de libros prohibidos, la lectura de libros franceses y en general todo aquello que tuviese que ver con Ilustración y modernidad?
Efectivamente, La Inquisición, a través del tribunal de Logroño, dictó en 1793 auto de prisión contra Félix María Samaniego  quien fue acusado de anticlericalismo y de tenencia de libros prohibidos. Hubo otros personajes de la época juzgados y encausados: Jovellanos, Tomás Iriarte y el más sonado de la época, el peruano Olavide.
Con la llegada de la Ilustración la Inquisición tuvo que reconvertirse. La amenaza más próxima provenía de las nuevas ideas, las cuales era necesario combatir, gracias a un sistema de censura de las publicaciones que pretendía impedir su difusión. Sin embargo, el poder de esta macabra Institución topó con varios obstáculos: El primero, el que provenía de la propia Corte de Carlos III y del Consejo de Castilla que secularizaron los procedimientos de censura y supieron mantenerla a raya. Los restantes, los que provenían de la gente influyente y de los nobles, los principales culpables de la importación de libros franceses y extranjeros.
Las ideas de Montesquieu y de Voltaire o la enciclopedia de Diderot, como ejemplo de la enorme cantidad de escritos que cruzaron la frontera, ganaron la batalla final a la Institución Inquisidora, en franca decadencia y cuya única actividad era en esa época la censora.

1 comentario:

Aitor dijo...

¡Qué buena pinta tiene esta novela!
El Bilbao del s. XVIII, la Ilustración, la Inquisición,... Habrá que estar al tanto de su publicación, para poder bucear en una época tan apasionante (y no demasiado conocida) de la vida de Bilbao.