¿Sabías que a finales del siglo XVIII los ajusticiamientos en la vía pública habían sustituido a los antiguos lugares de ejecución situados en Kastresana y Artxanda?

Efectivamente, a finales del siglo XVIII, tal y como se había venido realizando a lo largo de los siglos, se practicaban dos tipos de ejecuciones: el garrote y el ahorcamiento.
Si bien ninguno era bueno, el ahorcamiento era una forma terrible de morir puesto que se dejaba caer a la víctima desde un patíbulo o desde la parte trasera de un carro, que luego era retirado, al objeto de provocar la muerte lenta por asfixia, un método mucho más cruel que el utilizado en siglos posteriores, consistente en dejar caer al ajusticiado desde una altura suficiente para dislocar el cuello y seccionar así la médula espinal provocando la muerte instantánea. 
El ahorcamiento que aparece en la novela está basado en un hecho verídico que sucedió unos años después del de la historia que se narra, concretamente en 1800. Aunque los nombres de los ajusticiados y las causas por las que fueron llevados al patíbulo han sido cambiados, la forma de ejecución ha sido respetada en cuanto a los detalles y la forma en que fue llevada a cabo.
Por otro lado, esto no quiere decir que las ejecuciones públicas fueran moneda corriente ni en Bilbao ni en el resto del País Vasco. Según datos del archivo foral se sabe que hubo ejecuciones públicas en la plaza de San Antón en 1778 y 1800. 
Para más información leer en la parte superior del blog el artículo escrito por Luis María Bernal, titulado: "La pena de muerte en Vizcaya de la edad moderna"

No hay comentarios: