Zaragoza y Aragón en "la ría de los afrancesados"

El aragonés

A diferencia de hoy en día, hace tres siglos aún en los lugares en los que se hablaba castellano, la diversidad en la forma de hablar entre los pueblos y las ciudades era notable y no digamos entre los distintos territorios del reinado de Carlos III y Carlos IV. Dentro de los distintos tipos de dialectos, localismos y lexicografía en general, la aragonesa cobra gran importancia y por eso se le ha querido dar relieve, a través del personaje de una de las tres protagonistas, la niña Samarita en “la ría de los afrancesados”.

Aunque el ocuparse de este tipo de diferencias léxicas es más propio de las novelas costumbristas del siglo XIX que tanto describían las formas de vestir, de pensar o de vivir de las gentes y con la modernidad de nuestros días ya nadie se acuerda de las formas de hablar antiguas en “la ría de los afrancesados” se ha querido ofrecer un tímido testimonio de aquella originalidad de la que todavía podemos encontrar alguna muestra en algunos pueblos de la geografía actual.
Muestra de esto es la cantidad de palabras diferentes que requieren traducción y que se muestran en el llamado diccionario aragonés. Hoy en día comprenderíamos muchas de las expresiones mañas más utilizadas porque se han incorporado al lenguaje común de la calle, como “ vaya tragaderas”, en referencia a que alguien come mucho; “vaya cuajo que tiene”, refiriéndonos a la calma con que alguien se toma las cosas; “ser un baldragas” cuando queremos llamar a alguien calzonazos. Sin embargo, hay otras muchas expresiones, muchísimas que, aunque se puedan deducir del contexto requerirían tener un diccionario en la mano. Como ejemplo, podemos citar unas cuantas de las que, a mi juicio, menos se entienden:
purnillas (protestón; irascible)
zamacuco (solapado, taimado)
sulsiu (consumido)               
sumanzio (marchito)
tafurín (pillo)
El primer diccionario aragonés fue elaborado por el académico José Siesso de Bolea a comienzos del siglo dieciocho. El texto original se ha conservado en un manuscrito depositado en la Biblioteca Nacional de España y ha sido editado en el año 2008. Antes de eso las únicas referencias que se conocen se refieren a Jerónimo de Blancas  un Índice donde se declaran algunos vocablos aragoneses que hai en las Corónicas de los Serenissimos Reyes de Aragón (1641); citado por Mayáns y Siscar en Orígenes de la Lengua Española, 1937. Mariano Peralta  publica en Zaragoza, en 1836, su Ensayo de un Diccionario Aragonés-Castellano, que reúne 887 voces. Es el primero que da carta de ciudadanía al aragonés  como independiente de la lengua castellana.  
En las páginas web siguientes podéis encontrar enlaces interesantes sobre el léxico aragonés:

Diccionarios con variantes del español:

El ribagorzano en:
Estudio sobre Jose Siesso de la Universidad de Zaragoza en http://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/29/56/03aliaga.pdf
Para ver una cuantas palabras en aragonés-castellano

Personaje aragones en “la ría de los afrancesados”
En el capítulo referido a “la jaula de los pobres” se da vida al personaje real que fue clérigo y político ilustrado aragonés Ramón de Pignatelli que nació en Zaragoza en 1734 y falleció en la misma ciudad en 1793.
Este insigne aragonés fue miembro y creador, junto a otros, de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, además de canónigo y prior de la colegiata de Mora de Rubielos, cargo al que renunció años más tarde. También fue canónigo del cabildo catedralicio  de Zaragoza hasta su muerte, ostentando el cargo de miembro de su Junta de Hacienda  y de visitador del arciprestazgo de Belchite. También fue regidor de la Sitiada, junta encargada del gobierno y administración de la Real Casa de la Misericordia. En la Real Sociedad Económica fue censor primero, socio y colaborador; años más tarde fue nombrado director primero de la sociedad y renunció al cargo, sin llegar a ocuparlo, alegando exceso de trabajo. Fue rector de la Universidad de Zaragoza   en los años académicos de 1762-1763; 1782-1783; 1783-1784; 1791-1792, y 1792-1793; y, con toda probabilidad, tal y como estipulaban los estatutos de 1753, consiliario del nuevo rector en los años subsiguientes respectivos. Finalmente, tuvo a su cargo, como protector, el Proyecto del Canal Imperial de Aragón. 

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