El crudo invierno de 1794

¿Qué supuso para Bizkaia y, en concreto, para los bilbaínos la guerra de la Convención?
En julio de 1794 Gipuzkoa recibió un ataque relámpago de los franceses. La ofensiva francesa ya había empezado a crear pánico en la frontera y se acercaba peligrosamente a Bizkaia. El ejército del rey estaba desorientado y los franceses empezaron a avanzar sin encontrar apenas resistencia, de hecho, San Sebastián se rindió el 4 de agosto sin prestar resistencia alguna. Para comprender esta pasividad hay que tener en cuenta varios aspectos que influyeron notablemente en el ánimo de aquellos vascos del XVIII.
Por una parte, el crecimiento de la población supuso la falta de tierras y la desaparición paulatina de los pequeños arrendatarios con contratos hereditarios que vivían en caseríos dispersos. Por otra, la crisis económica y social empezó a hacer mella, de manera que aumentaron los vagabundos, los pordioseros en las ciudades y los bandoleros en los caminos, que cada año eran menos seguros. Los pequeños arrendatarios se vieron obligados a pagar más por el mismo contrato a los haundikis y a los jauntxos, propietarios nobles y burgueses del Señorío que ejercían el control político y económico. Desde Madrid aumentó la presión impositiva, contraviniendo el Fuero vasco, que a su vez establecía la única obligación de prestar hombres para la defensa de territorio vasco, lo que afectaba a Bizkaia, a Gipuzkoa y también a Navarra, de manera que no estaban incorporadas al ejército español.
El Consejo de Castilla no interpretaba el Fuero de la misma manera y se posicionó en contra, mientras que la mayor parte de los habitantes de Bizkaia pensaban que la guerra que tenía lugar más allá de sus límites no le concernía. El mal ambiente social, el descontento generalizado y esta interpretación autóctona del Fuero dio lugar a enfrentamientos de diversa índole con  azadas, palos y  cuchillos en varios municipios vizcaínos. Los jóvenes, se negaron a alistarse y a someterse a entrenamientos militares y en tanto que el pueblo veía así las cosas, la Iglesia se posicionaba a favor de pelear contra los franceses revolucionarios, que eran considerados los enemigos de Dios. Ante este estado de cosas las propias autoridades prefirieron salir corriendo y ponerse a buen recaudo.
Tras la rendición de San Sebastián y la formación de una junta de Ilustrados que estaban a favor de los franceses se crearon juntas locales para resistir la invasión. Se enviaron Tercios a luchar al frente y comenzaron las acciones de guerrilla, de las que el propio General Moncey, comandante francés llegó a quejarse al decir “los vascos no combaten en batallas ordenadas, sino que atacan y escapan sin dejar rastro y terminan matando a muchos de nuestros hombres, sin sufrir ellos demasiadas pérdidas”.
Aquel invierno fue muy crudo para los vizcaínos, que tuvieron que soportar bajisimas temperaturas y frecuentes nevadas sin comida, mantas ni tiendas de campaña. La ayuda prometida por el ejército nunca llegó a su destino. Los franceses tomaron Vitoria, Miranda de Ebro y siguieron por Castilla hasta Madrid sin encontrar apenas resistencia. El Antiguo Régimen estaba sucumbiendo ante la Revolución francesa. El Tratado de Basilea puso fin a una guerra en la que el Rey absolutista había salido mal parado y que costó a la Corona española la mitad de Santo Domingo, que fue cedido a Francia por Godoy, a cambio de que le restituyesen fortalezas y armamento perdidos en la contienda. Esta negociación otorgó a Godoy el nombramiento de “Príncipe de la Paz”.
(Bibliografía recomendada: La maldita guerra de España: FRASER RONALD. Historia social de la guerra de la Independencia 1808-1814, Barcelona, 2006.)

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