Primer párrafo de "El viaje de los condenados"

HERZ BERGNER, escritor polaco, nacio en 1907 y emigró a Australia en 1938. Escribió en yiddish numerosos cuentos y novelas, cuyos temas principales eran la vida de los judíos que habían emigrado a Australia. "El viaje de los condenados" es su obra maestra y fue publicada, por primera vez,  en 1946. Ya desde su primer párrafo nos introduce en la desesperación y en la negrura de un barco que no es precisamente un lugar de recreo o de turismo. Su lectura es imprescindible para comprender el exilio y los años trágicos y oscuros de mediados del siglo XX. En buenos comienzos de novela, Primer Párrafo viaja  hoy hasta la Polonia condenada en la II Guerra Mundial.

"Durante cinco semanas, el mercante griego de vapor, viejo y sucio, había navegado a la deriva, por aguas tempestuosas, sin avistar tierra. Crujía con los achaques de la edad y se dejaba arrastrar por las olas verdes, que jugaban con él como niños que se divirtieran atormentando a un anciano senil. Parecía que el buque hubiera perdido el rumbo y se viera condenado a surcar los mares sin fin. No se divisaba más que mar y cielo, y quienes viajaban en cubierta se cansaban de contemplar el horizonte, con la esperanza de que una porción de tierra asomara a su campo de visión. Ya se habían acostumbrado al fulgor acerado del sol durante el día, que les impedía mantener los ojos abiertos, y a la negrura de la noche, tan espesa que en ella no se distinguían unos de otros. La orden de no prender luces a bordo -ni siquiera una cerilla podía encenderse- la habían recibido apenas el barco puso rumbo a alta mar. En las noches oscuras, sin luna, una cerrazón maciza, alquitranada, rodeaba el barco, que se movía tan despacio como un coche fúnebre. Los judíos vagaban por la cubierta y la escalera de caracol estrecha, desgastada. A tientas, extendían los brazos al tropezar unos con otros, incapaces de hallar un punto en el que asirse. Los maridos buscaban a sus mujeres, y éstas, a su vez, los buscaban a ellos. Los niños que habían perdido a sus madres gritaban en la noche negra, y sus gritos propagaban el miedo."
Corresponde al primer párrafo de la novela "El viaje de los condenados".

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