El palacio de Vargas en Begoña (el lugar en el que Zumalacarregui fue herido en una pierna)




Como os he prometido, empezaré dando información relacionada con “la bala que mató al general” en este blog de novela histórica.

¿Quién hirió al general Zumalacárregui? La bala que mató al general es una novela basada en la biografía del general desde el día que salio de Pamplona para integrarse en las partidas carlistas hasta el día de su muerte, y que pone rostro y da protagonismo al soldado que disparó la bala, que por una serie de circunstancias, terminó llevándole a la muerte.

Lo primero que voy a contaros es donde se encontraba el palacio de Vargas, el lugar en el que Tomás Zumalacárregui recibió en la pierna el disparo que desencadenó la infección generalizada, que según dicen, le llevó a la muerte.
En 1835, la fecha en que este suceso tuvo lugar, el palacio de Vargas era ya un edificio ruinoso que tenía ya un siglo de antigüedad. Pertenecía a don José Manuel de Barrenechea, marqués de Vargas y patrón de Begoña. En aquel tiempo el palacio era un edificio aislado, construido según el estilo y gusto del siglo XVIII. La fachada era de sillería perfectamente labrada y de un solo piso, sin contar los desvanes. Era regular de proporciones y sencillo, pero grave. Medido de extremo a extremo, tenía 80 pies de frente y 104 de fondo. De los ángulos de la fachada se adelantaban dos pabellones de 10 pies de resalto con 16 de ancho cada uno, dejando espacio intermedio de 48 pies, en cuyo centro estaba la puerta principal y única, encima de la cual se veía un escudo de armas relevado, idéntico a los que se solían ver en Bilbao a la entrada de la casa que ocupaba el suelo donde se situó la torre de Leguizamón.
La solidez de su fábrica se experimentó en el asedio que sufrió la villa aquel verano de 1835. Se apoderaron del palacio los carlistas y para desalojarlos desde la batería cercana al Emparrado se dispararon repetidos disparos de a 18 contra uno de sus lienzos laterales, sin que lograran desportillarlo. Únicamente sufrieron daños los sillares y se desencajaron varios del impenetrable macizo, que tenía 6 pies de espesor compacto y tenazmente ligado. Su interior, sin embargo, quedó completamente destruido por la soldadesca y cuando tiempo después se proyectó reformar y reforzar las defensas de la villa, se apeó el edificio hasta los cimientos por mandato de la autoridad militar y se empleó su cantería en revestir los parapetos y demás obras del recinto. El edificio que hubo en su lugar fue reducido a cenizas en 1718 en el motín de los vizcaínos contra la decisión del monarca de trasladar las aduanas. Por entonces, don Juan José Castaños, patrón de Begoña y dueño del palacio de Begoña consiguió salvarse del furor de los amotinados, pero se quedó sin el palacio. Los daños causados en la asonada se elevaron a 2.011.177 reales de vellón, de los que 189.000 correspondían al pobre don José.
Aunque se desconoce la fecha en que fue construido el palacio que fue incendiado en 1718, se cree que ya en 1549 existía un edificio palaciego en su solar y con toda probabilidad el primer palacio de Begoña data de la época en que fue erigido el patronato.
Fuente: Texto obtenido y resumido del Semanario Pintoresco Español


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