Los girasoles ciegos de Alberto Mendez

El primer y único libro de Alberto Mendez, que conmovió hace varios años con sus cuentos engarzados entre sí sobre la posguerra, tiene uno de los comienzos más estremecedores de la narrativa reciente. En este primer párrafo entrevemos la angustia de un hombre ante las vicisitudes de la guerra. La inolvidable frase de "Soy un rendido" y la explicación de como fue rindiéndose poco a poco antes de entregarse al enemigo es, de por sí y sin más explicaciones, una prueba del estilo de Alberto Mendez, quien lamentablemente nos dejó en el año 2004, privándonos de esta manera de su prosa inigualable.
Los girasoles ciegos comienzan de la siguiente manera:

"Ahora sabemos que el capitán Alegría eligió su propia muerte a ciegas, sin mirar el rostro furibundo del futuro que aguarda a las vidas trazadas al contrario. Eligió entremorir sin pasiones ni aspavientos, sin levantar la voz más allá del momento en que cruzó el campo de batalla, con las manos levantadas lo necesario para no parecer implorante y, ante un enemigo incrédulo, gritar una y otra vez "¡Soy un rendido!".
Bajo un aire tibio, transparente como un aroma, Madrid nocheaba en un silencio melancólico alterado sólo por el estallido apagado de los obuses cayendo sobre la ciudad con una cadencia litúrgica, no bélica. "Soy un rendido". Durante dos o tres noches, nos consta, el capitán Alegría estuvo definiendo este momento. Es probable que se negara a decir "me rindo" porque esa frase respondería a algo congelado en un instante cuando la verdad es que él se había ido rindiendo poco a poco. Primero se rindió, después se entregó al enemigo. Cuando tuvo oportunidad de hablar de ello, definió su gesto como una victoria al revés. "Aunque todas las guerras se pagan con los muertos, hace tiempo que luchamos por usura. Tendremos que elegir entre ganar una guerra o conquistar un cementerio", concluía en una carta  que escribió a su novia Inés en enero de 1938. Ahora sabemos que él había rechazado de antemano ambas opciones."

Alberto Mendez nació en Madrid (1941-2004). Estudió bachillerato en Roma (Italia) y se licenció en Filosofía y Letras en la Universidad Complutense de Madrid. Durante toda su vida estuvo vinculado a la edición, primero como fundador de la editorial Ciencia Nueva y colaborador de Montena y de la distribuidora Les Punxes, entre otras actividades. Con los girasoles ciegos, su primer y único libro, ganó el premio Setenil 2004, otorgado por el Ayuntamiento de Molina de Segura al mejor libro de cuentos del año, y póstumamente en 2005, el Premio de la Crítica y el Nacional de Narrativa, quedando así consagrado como un clásico contemporáneo. Este libro fue traducido a varios idiomas.

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