Bilbao era así en 1782























La RIA de los AFRANCESADOS se basó en el siguiente escenario bilbaino, pintado por Luis Paret en 1783 y que, actualmente se encuentra expuesta en el Museo de Bellas Artes de Bilbao:




También disponemos de otra pintura del arenal bilbaíno realizada por el mismo pintor en fechas próximas, actualmente en la National Gallery de Londres:






Aunque los primeros asentamientos tuvieron lugar en “Bilbao la Vieja”, sobre la margen izquierda de la ría, ya en el siglo XVIII la villa abarcaba lo que hoy en día es el Casco Viejo. Desde el Paseo de Los Caños, un lugar boscoso y fresco, a orillas del Ibaizábal hasta el arrabal de San Nicolás, pasando por el hospital de Atxuri, junto a la única plaza, ante San Antón y el Consulado, Bilbao se recorría en unos minutos de punta a punta. Sus estrechas calles eran limpias, pero hervidero de comerciantes, artesanos, sirgueras, costureras, sastres, zurradores y escribanos, entre otros oficios más o menos respetables. La alameda del Arenal y el arbolado del Campo Volantín eran lugares de naturaleza prodigiosa, salpicados de tinglados de estibadores, calafates, carpinteros y otros trabajadores dedicados a los navíos que, procedentes de Flandes, Brujas y otros lugares más lejanos, surcaban la ría.
Rodeados de huertas el palacio de La Quintana y el convento de San Agustín, en la misma ubicación en la que hoy se asienta el edificio del Ayuntamiento miraban hacia la otra orilla, sin otra forma de alcanzarla que navegando la ría a través, ya que los únicos puentes que había eran el de San Antón y el de San Francisco.
Nada más cruzar la ría se dejaba de estar en Bilbao para entrar en Abando que en el siglo XVIII era la anteiglesia con mayor población de Vizcaya ("351 fogueras" y "2100 personas de comunión", según la Historia General de Vizcaya, escrita en 1793 por Juan Ramón de Iturriza y Zabala). Los únicos núcleos de población se repartían en caseríos dispersos dedicados a la agricultura y ganadería. Abando constaba de las barriadas de Bilbao la Vieja, Ibarra, Mena-Urizar-Larrasquitu, Elejabarri, Olaveaga, Zorroza e Ibaizábal. Por aquel entonces, los únicos edificios que había en Abando eran el convento imperial de San Francisco, los astilleros situados al borde de la ría, especialmente en Uribitarte, algunos caseríos, la iglesia de San Vicente en la campa de Albia y el convento de la Merced, edificio barroco, que había sido construido por Antonio Ortiz de Calina y Francisco de Elorriaga entre 1663 y 1673, por un precio en contrato de 82.000 reales.