Bilbao afrancesado e ilustrado

Si tenemos en cuenta que la población de Bilbao en 1797 era de 10.943 habitantes, que la de Abando era de 2.179 y la de Begoña de 1.577 podemos hacernos idea de las dimensiones de la misma.
La villa estaba enclavada en una de las llamadas provincias exentas, ya que Vizcaya, junto con Álava, Guipúzcoa y Navarra poseían fiscalidad y sistema de defensa propio, fronteras arancelarias y jurisdicción separada. No estaban, por tanto, obligadas a entregar hombres para la guerra al ejército de la Corona. Así  les sorprendería la llegada del ejército de la Convención con pocos hombres, mal preparados y nada dispuestos a luchar.
El Bilbao ilustrado, estuvo regido en gran parte por su institución más representativa, la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, cuya fundación fue iniciativa guipuzcoana. La Bascongada, con sede en Bergara, se dedicó al estudio de las principales reformas que necesitaba el país (industrialización, producción manufacturera, investigación tecnológica) y también a actividades culturales, tales como la promoción de la lengua vasca. Sus integrantes, el conde de Peñaflorida, el marqués de Narros y otros muchos fueron hombres con inquietudes ilustradas, pero con un alto sentido de la foralidad y de la defensa de los valores autóctonos.
Palacio de Insausti, Azkoitia
Imágenes obtenidas de la página web de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País en 


Palacio de Insausti, Azkoitia


Mientras en la villa de Bilbao despuntaba una burguesía y oligarquía mercantil y las familias de navieros se enriquecían, gracias a su floreciente puerto en el que varaban navíos de toda Europa, en la tierra llana, seguían mandando los antiguos banderizos, los verdaderos contrincantes y enemigos, enfrentados permanentemente a las antiguas familias de la villa y a los nuevos señoritos bilbaínos, que hicieron fortuna con el emergente comercio del “bacalao”.
Eran estos burgueses bilbaínos los que ostentaron el poder sobre todo el brazo de la ría, hasta su desembocadura en el Abra, manteniendo con firmeza la supremacía sobre el único puerto permitido en ella, el de Bilbao en el Arenal. Ellos fueron los que intentaron impedir que se construyese el Puerto de la Paz, en Abando y el conflicto desembocó en “La Zamacolada” de 1804.
La Revolución Francesa hizo llegar a Bilbao gran cantidad de inmigrantes, sobre todo religiosos, que huían de la masacre perpetrada por los jacobinos y tomaban como destino la villa en busca de refugio. Eso trajo escasez y carestía de vivienda, hacinamiento, desigualdades en el reparto de las cargas tributarias, interrupción del comercio por las guerras, crisis agraria y  paro artesano.
Las tropas de la Convención entraron por San Antón en 1795, y ocuparon durante apenas cinco días la villa que no contaba con la ayuda del ejército de la Corona por ser provincia exenta y que fue abandonada a su suerte por las autoridades que escaparon ante el temor de la invasión. Los franceses sólo estuvieron cinco días en Bilbao y el alcalde en funciones, nombrado en el último momento, antes de que el general Moncey y sus tropas cruzaran el puente de San Antón, logró la promesa de los invasores de que no se tocaría a la población civil. Así se hizo.